Alicia Mora

Alicia Mora y los Lápices para la paz

Leer, dibujar, aprender. Y salir de la pobreza, abandonar la violencia, vivir con dignidad. El proyecto de Alicia Mora es sencillo y necesario: dotar de libros de cuentos y material escolar a tantos niños a los que la educación puede salvar de la marginación.

Es más que ofrecer unos lápices, es llevar esperanza en el futuro, en que pueden salir de la situación de desamparo en que se encuentran y demostrarles que no nos olvidamos de ellos y que vamos a intentar que cambien sus expectativas.

Por esta razón existe Lápices para la paz. Hasta Palestina, el Sáhara, Etiopía, Líbano o el poblado de El Gallinero en Madrid, ha ido Alicia, con su reducido grupo de amigos-cooperantes para llevar a colegios fuera de ruta, herramientas para prosperar. Un proyecto que usa Internet intensivamente, tanto para documentar las misiones como para difundir las informaciones que los grandes medios omiten.

‘Lápices para la paz” es el alter ego de Alicia. Su vocación periodística queda satisfecha en los post que escribe, con un enfoque social muy pegado a la actualidad. Aunque se licenció en publicidad trabaja como documentalista sanitaria mientras termina los estudios de Trabajo Social. La inquietud por dar un empujón a quienes más lo necesitan le ha llevado a colaborar con asociaciones como Greenpeace, CCOO e Infancia Solidaria. Sin embargo, no logró poner en marcha su proyecto hasta que se lanzó en solitario.

Pregunta. ¿Es el blog el mejor aliado de un proyecto? Tu cuentas también el reverso de las noticias, la cara B ¿es  por qué el periodismo se ha vuelto cada vez más oficialista?

Respuesta. El blog cumple su función. Cuando vamos de viaje lo actualizamos en el país y sirve para dar visibilidad a aquellas personas que luchan por dejar atrás la guerra y la miseria que sufren en su país. Cuando no viajo, publico noticias que no salen en los medios de comunicación de masas. Hace poco subí una tremenda: en Camboya, los niños están vendiendo la sangre para sacar la cabeza de la pobreza.

Es preciso ver cosas sobre las que falta información más humanitaria, porque en la actualidad prima más el espectáculo que el lado humano.

Pregunta. Tu compromiso ¿te exige usar las redes sociales a diario para nutrirse e intercambiar favores’

Respuesta. En ellas encuentro los contactos que nos darán la llave para acceder a una población que no nos conoce de nada. Para que esa gente sepa que vamos a procurarles instrumentos que mejorarán en algo su vida. Las personas que nos ayudan y proporcionan cobertura lo hacen desinteresadamente y siempre han confiado en nosotros a pesar de que no nos conocíamos.

Es una ayuda mutua. Nos han dado de comer, alojamiento, información y gestionado permisos del gobierno para entrar. Nos hemos topado con una solidaridad que no esperábamos que fuese tan grande.

Pregunta. Nada sirve para frenar a quien tiene confianza en su capacidad para desarrollar un proyecto, por diminuto que sea. Las trabas, se saltan con destreza ¿no?

Respuesta. Al principio mucha gente decía que estaba como una cabra. Yo llamaba a muchos sitios, como Cruz Roja entre otros, les contaba que quería ir a un lugar con necesidades educativas y comprar material y libros. Y me preguntaban ¿tu y cuántos más? Cuando respondía que éramos dos o tres, me decían que estaba loca, que era inviable, que si no teníamos miedo…

Pregunta. ¿Qué nos paraliza a los demás para tener estas iniciativas?

Respuesta. Hemos llegado a un punto de conformismo en esta sociedad en que no queremos implicarnos más allá de nuestras responsabilidades del día a día. También hay miedo al compromiso con una persona o con un proyecto.

No tenemos ganas de complicarnos la vida. Existe gente que las tiene pero no sabe cómo hacerlo. La clave es que quien quiera hacer algo se ponga a ello, ya sea con una ONG o de manera individual.

Pregunta. ¿Qué sientes cuando oyes la palabra caridad?

Respuesta. Odio la palabra caridad. La caridad era dar una limosna y comprar un poco de pan y de arroz y al día siguiente ya no había nada. El proyecto no se basa en la caridad sino en herramientas educativas, para que la persona pueda salir adelante y tenga un futuro que le permita dejar atrás la pobreza. Es una cooperación de personas a personas al margen de fronteras y religión, es una cooperación humanitaria.

Lo único que llevamos son instrumentos para seguir adelante, para seguir formándose.

Pregunta. A pesar de la fuerza con que tiras de tus proyectos, ¿la frustración asoma?

Respuesta. Vuelves frustrado. La sensación más intensa fue en Etiopía, Había tanto esfuerzo, y yo les decía a las monjas, ¿esto servirá de algo? Si solo un niño tuviera la motivación suficiente, después de leer el libro que le hemos llevado, para salir de la pobreza o supiera que hemos sido el detonante para que se forme, sólo con uno me doy por satisfecha.

Esa es la base para seguir adelante con el trabajo. Que conste que yo recibo más de lo que doy, siempre.

Pregunta. Veo  que se  multiplican los proyectos.

Respuesta. Me gustaría montar una escuela y formar profesores para que los niños que no pueden acceder a la educación pública vayan. Y continuar la labor de Lápices’ por otros países.

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Experiencia sobre el terreno le sobra. Así que antes o después Alicia acabará colgando en su blog, las fotos de la escuela que proyecta y la felicidad de los niños que en ella se eduquen.